sábado, 9 de mayo de 2015


Sobre la vida he pensado mucho. He visto caras, risas y miradas que mueven algo dentro de mí. Un reflejo, un calor interior que quiere salir, que quiere traspasar lo corpóreo.
Me identifico con esos ojos, con esa mirada buscando aprobación, buscando disculparse por algo que hizo y lamenta.
Me identifico con esa duda, con esa lucha interior de querer decir algo, de mostrarse al mundo y de frenarse al mismo tiempo, por la inseguridad, por el exceso de empatía, por la vergüenza supuesta del qué dirán.
Me identifico con esa luz, con ese brillo escondido, que se trasluce misterioso y lejano, que se reconoce al instante,  se sabe visto y  se esconde al mirarlo.
Me identifico con esa confianza que crece, por tener un espacio mínimo de ser quien se es y que acepta.

Estoy parada frente a esas caras y sólo quiero que vuelen, que crezcan, que gobiernen sus vidas, y lo veo a diario. Tienen miedo, dudan, se atreven, abren sus alas, vuelan y son libres.

sábado, 11 de abril de 2015




El pasado se ha desprendido de mi. Se ha ido como una piel gastada...
Me lavé el rostro un día y vi una nueva cara.
Mucho tiempo viví pensando en los abrazos que no dí, en los labios que no besé, en las palabras que no dije, a los lugares donde no fui, en los errores que cometí.
A veces anhelaba los tiempos de sueños, de ilusiones, de amores y de libertad.
Pero un día me vi y esos pesares y anhelos ya no estaban. Me desperté liviana, sin remordimientos, lista para empezar de nuevo.
Todavía no encuentro un total sentido, pero cada día encuentro una nueva pieza que me arma de a poco, sin la urgencia de antaño.
Con paso reposado camino mirando todo lo que soy, y me empiezo a encontrar distinta... más tranquila.
"... Una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires, 
te mires al mirarme".

martes, 7 de abril de 2015


Сновидение


Soy la incertidumbre misma, la ambigüedad.
Me canso a diario de las incertezas
Me reconcilio con mis dolores
Me duermo con mis quejas
No soy más que un aire, que un viento
Que revolotea lejano en el tiempo
Sin forma
Rumbo
Destino
Puerto
 O camino

sábado, 24 de marzo de 2012

... con la violencia del mar, quisiera volver a besar, hasta sangrar...

viernes, 16 de marzo de 2012

¿De quién son los sueños?



Mucho me demoraría en relatar los sueños que tengo. Algunos son bastante imposibles; -para éstos ni las almas positivas podrían dar un atisbo de esperanza-. Mi anatomía, por ejemplo, después de 26 años de mala postura, alimentación intermitente y gustos un tanto dulces, no permitirían que me luciera como bailarina o trapecista. La elasticidad no es mi fuerte, y la coordinación motriz digamos que a veces me desconoce.

Hace tiempo que perdí la voz y el ímpetu de la guitarra. Me fui desinflando de a poco, tal como lo hice con las letras en un minuto. Y no sé si es por la edad, las nuevas responsabilidades o bien sólo porque los sueños cambian, y aquellos que daban brillo en años de infancia hoy no son más que jugarretas, pero ¿por qué tan serios?, ¿por qué todo debe ser tan académico?, ¿no es más exitoso quien tiene motivos todos los días para atacarse de la risa que aquel sin tiempo ni para mirarse al espejo y darse cuenta que sus sueños lo abandonaron hace tiempo?

Me alegro pensando por ejemplo, en una familia. Dos niños (por ahora), primero la Antonia, una niña alegre, preguntona, con aire displicente y respuestas para todo. Después Alonso, un niño más callado, que le guste el fútbol o algún deporte, reflexivo y honesto. Me veo a mí misma teniendo tiempo para verlos crecer, disfrutando de la maternidad. Retomar la guitarra y cantarles canciones de Manuel García o de Víctor Jara en sus cunas. Criar hijos con opinión, indignados ante las injusticias y activos en buscar el bien.

Me inquieto pensando en vivir en otros países, aprender nuevos idiomas, probar platos exóticos. También sería bastante feliz con un restaurant o un café, en que se toquen las canciones que me gustan, donde la gente se reúna a conversar y a arreglar el mundo en torno a un chocolate caliente o un mokachino (mis favoritos). Un restaurant donde hayan platos exclusivos para niños y donde los abuelos recuerden tiempos de juventud en torno a un aroma que les sea familiar.

Quisiera aprender el oficio de la orfebrería, aprender a trabajar en greda, saber coser y hacer mi propia ropa, aprender a bailar ballroom y animar un programa de radio.

Me he dedicado a estudiar tanto tiempo, y lo sigo haciendo, y he descubierto que me encanta ver emerger el conocimiento desde el relato de otros, de sus experiencias y descubrimientos, pero no sólo me gusta eso, también me llena inspirar a otros, ver cómo las personas se van seduciendo de aprender, crear, construir, y participar en eso me deja muy satisfecha.

De mi crianza extraigo la exigencia, el hacer las cosas bien, ser fiel a los valores. Pero tengo miedo, miedo de convertirme en una persona centrada en el éxito, en el reconocimiento. Ser una mujer frustrada, que haga que sus sueños muertos los tengan que cumplir sus hijos. Ser una mujer que un día cualquiera vea que su vida se centró en el trabajo, que no vio crecer a sus hijos, que no se asustó nunca más ante un desafío, que no se inquietó ante un viaje, que nunca aprendió nada más.

Espero que sea lo suficientemente valiente, para vivir mis propios sueños, no aquellos que los otros esperan que viva. Que me esfuerce por buscar ser feliz, que me atreva a revelar las injusticias y que tenga motivos todos los días para atacarme de la risa.