lunes, 2 de noviembre de 2009

Descanso

Tomó su mano, mientras su otro brazo se escabullía silencioso por detrás de su cabeza. Sentados, mirando la televisión, conversando temas de amigos, ella comenzó a parpadear más ligero.

Siempre escuchaba su corazón cada vez que lo abrazaba, y la tranquilidad que le infundía le hacía parecer una playa de arena blanca en la que el mar se detiene a descansar.

No siempre fueron tan amigos, durante largo tiempo se dirigían sólo saludos formales, y estar abrazados tan plácidamente habría sido un absurdo para dos seres tan distintos.

Él la tenía tan cerca, sentía su cuerpo frágil entre sus brazos. Su cabeza apoyada sobre su hombro le disparaba el corazón. No supo cuando comenzó a dolerle su presencia, pero esta vez ahí, tan cerca, sentía unos inmensos deseos de besarla.

Acercaba su cara a la de ella, sus palabras eran las comunes entre dos amigos, pero sus gestos hacían entrever algo distinto.

Ella comenzó a sentirse nerviosa, solían abrazarse tiernamente pero esta vez algo extraño ocurría.

- ¿Pasa algo?- preguntó él.

- ¿Qué es esto?, esto no puede estar ocurriendo, si somos amigos- pensó ella, mientras tomaba distancia y lo miraba a los ojos.

- ¿Qué pasa?- mirándola con sus ojos tristones.

- Dime ¿qué es esto que ocurre?- mientras bajaba vergonzosamente la mirada al hablarle.- Esto es extraño-.

- ¿Pero qué cosa?- Tratando que ella pusiera en palabras lo que él no se atrevía a expresar.

- Esto pues; los abrazos, que tomes mi mano, es extraño, esto no es de amigos, explícame.

Se quedaron en silencio, ella angustiada y él pensando en las palabras adecuadas.

Él se alejó un poco, y avergonzado [la vergüenza era muy frecuente en él, pero esta vez tenía un tinte distinto] la miró a los ojos.

Ella desataba y ataba un nudo de su polerón, evitando el contacto de su mirada.

- Oye- tomando su cara para que lo mirase. - Tú sabes que me pasan cosas contigo-

Ella se sonrojó, encontrándose con esas palabras tan directas.

-¿Cómo?, ¿desde cuándo?, ¿por qué?- preguntó, aunque calladamente se había dado cuenta hace un tiempo de lo que ocurría.

- No me preguntes por favor, tú conoces lo vergonzoso que soy.

- Pero ¿qué va a pasar ahora?, nosotros somos amigos, las cosas cambiarán de ahora en adelante. No sé...

-¿Pero cómo no vas a saber qué te pasa a ti?

Y ella seguía con la mente revuelta de preguntas. -¿Qué me pasa a mi?- Pensó, mientras las respuestas se le escapaban, desatándose un mar dentro.

- No sé, tengo miedo, las cosas cambiarán ahora que sabemos qué ocurre...

- Pero no me hagas esto, no seas lesita. No digamos que estoy enamorado, pero lo que más me ha deslumbrado de tí es cómo eres, tu naturalidad, tu ternura, tus cariños, no dejes de ser así por lo que te he dicho...

- Pucha... Esto me da miedo...

Él la abrazó nuevamente, sacando sus manos del nudo del polerón, que se ataba y desataba.

-Yo te quiero y quiero seguir cerca tuyo-

- Yo también-

Se quedaron así, en silencio el resto del tiempo, abrazados. Comenzaba a calmarse el mar dentro de ella, comenzaba a latir nuevamente fuerte su corazón.

Él sintiendo su cabeza en su hombro y con unos inmensos deseos de besarla. Ella escuchando su corazón, y pensando, tratando de alcanzar sus respuestas...

Se detuvo el tiempo en ese instante., eran dos amigos que dejarían de serlo… Era el mar y su oleaje, descansando en la playa de arena blanca, otra vez...


miércoles, 16 de septiembre de 2009

"Golonrisas"

Ágilmente revolotea por los aires. Sube y baja velozmente, al tiempo que, hipnotizado, la sigue su compañero. Se acercan y se alejan en un jugueteo constante, riéndose mientras agita sus alas, utilizando hábilmente las corrientes de aire.

Se escuchan sus trinos musicales, mientras un rayo de sol atraviesa las espesas nubes, aún cargadas del invierno. Y puede que verdaderamente una golondrina no haga verano, pero la llegada de ellas definitivamente marca una esperanza para quienes estamos agotados de los paisajes en blanco y negro.

Se persiguen mutuamente a través del cielo. Luego, se posan sobre los cables de luz, distanciadas, y, cuando una de ellas decide acercarse, el otro, presuroso y bromista, se aleja, en un péndulo constante de ir y venir.

Son las criaturas más alegres y vivaces que conozco, llenas de energía y vitalidad, se desplazan ligeramente por sus dominios del aire. Bailan y cantan, jugueteando risueñas por los cielos, y acaso uno comienza a mirarlas, cada vez más coquetas, demuestran sus proezas de vuelo que sólo ellas saben manejar.

Algunas veces he pensado en ellas durante los días aciagos, cuando el golpeteo de la lluvia en la ventana no se cansa de repetir su letanía funesta. Las imagino danzando en otros paisajes, disfrutando de la tibieza del aire en la primavera de otro lugar, y las envidio…aunque me es casi imposible envidiar a seres tan alegres como ellas.

¿Cómo se van justamente cuando el invierno arriba? Ellas son libres y no tienen las ataduras de nosotros, están donde verdaderamente quieren estar y me parece un egoísmo de su parte que cuando las cosas se ponen feas, se alejen cobardemente. Pero no es sólo eso, alguien me dijo una vez que ellas emigran porque no resisten las inclemencias del invierno, su cuerpecito frágil no es capaz de sobrevivir al frio de la lluvia y la nieve. No es egoísmo, hay que comprenderlas, es la delicadeza de su existencia, la debilidad de su estructura que no las deja quedarse brindándonos su compañía.

Qué injusta he sido con estas pequeñas criaturas de vez en cuando, culpándolas por su acomodaticia forma de existir en el mundo, que van y vienen donde las condiciones son las mejores, que evitan cada posible dolor y sufrimiento, cada golpe del viento y de la lluvia, envidiándoles en realidad su viaje. Mas nunca pensé que morirían si se quedasen.

En fin, volvieron las “oscuras golondrinas” y cantan y bailan alegrándome las jornadas, cuando las observo por la ventana y presurosas construyen un nido en el tejado.

Y ahora me pregunto ¿qué hago escribiendo esto?, y un libro de psicoanálisis me dice, “es pura identificación proyectiva”…

domingo, 2 de agosto de 2009

volver a los 19


Eran dos pequeñas libretas; una con forma de corazón y con dos pequeños felinos en la portada, y otra, color rosa con flores. Ambas contenían sueños, amores e ilusiones desde los tiernos 11 años hasta los 15, y si no hubiera sido por una torpe adolescente, avergonzada de sus sentimientos infantiles, dichos sucesos habrían contado tantas historias, y no hubiesen acabado en el fondo de un basurero.

Hoy, contando con cinco ejemplares de vida, suelo hacer un alto a las exigencias diarias y vuelvo a leerlos. No sé muy bien el fondo del asunto, pero me sirve para reenfocarme…



17 Agosto del 2005


¡Qué cansancio! ¡Puff!...Leer y leer, y si no es leer, es conversar… No sé qué es más aburrido en este momento.

Que la gente necesite tanto de la aprobación de los demás me causa extrañeza. Tanto que preguntan “¿y tú qué crees?, “pero Marina, ¿qué hago?, ayúdame”, etc., etc. Sin embargo, tantas palabras ausentes…-¿qué cómo estoy?... Oh, súper bien, en todo caso gracias por hablar sólo de ti mismo-

No sé qué sería mejor; que me pregunten o que no lo hagan. Tal vez respondería con un sarcasmo…

¿Acaso no se nota mi hastío?... ¡qué van a notar si están tan ensimismados en su propia imagen!... gente así no vale la pena, me cansan, y son tan cargantes. ¿No ven acaso que tengo mi propia vida por la cual preocuparme?...

Estoy cansada de leer y del mundo, de este mundo tan superficial.

A veces como dice mi gato necesitamos del silencio y pensar.

Raro que hable de estas cosas, casi siempre este espacio es polar; de queja o regocijo, y hoy me cansé de eso también.

Esta casa se está revolucionando, vienen visitas el viernes, que bien por ellos, que fome por mí, me siento como chancho en misa.

Es tan complicado vivir en una casa que no es la tuya. En mi casa si hay mucho ruido y tengo que estudiar puedo decirlo. Aquí, tal vez también podría, pero no me atrevo.

Bueno, dije sin quejas, pero más que quejas es añoranza por mi lugar. Mi espacio.

Tengo ganas de hacer cosas distintas, la rutina me cansa. Echo de menos la cocina de mi casa, mis cosas. A mi mamá con sus viajes repentinos, a mi papá con sus parrilladas y anticuchos y a mi hermana cambiándose de ropa para ir a comprar a la esquina [qué loquilla].

Tengo unas ganas exageradas de tirarme al agua y desaparecer en sus profundidades, para volver a la superficie en un lugar desconocido, donde todo lo que no me gusta de mi actual vida esté olvidado.

Quiero un beso en la mejilla de un niño. Son tan curativos esos besos. Por lo menos hoy un chiquitín me sonrió y saludó con sus ojitos brillantes, dándome la energía suficiente para cargar mi mochila de todos los días…otra vez.



La tristeza

LA TRISTEZA

(Pilar Paz Pasamar)


No te asustes por mí. No me habías visto

-¿verdad?- nunca tan triste. Ya conoces

mí rostro de dolor; lo llevo oculto

y a veces, sin querer, cubre mi cara.

No temas, volveré pronto a la risa-

-Basta que oiga un trino, o tu palabra-.

No te preocupes que ha de volver pronto

a florecer intacta la sonrisa.

Me has descubierto a solas con la pena

e inquieres el porqué. ¡Si no hay motivo!

Cuando menos se espera, el aguacero

cae sobre la tranquila piel del día.

Así ocurre. No temas, no te aflijas,

no hay secreto, mi amor, que nos separe.

La tristeza es un soplo, o un aroma,

para llevarlo dulce y suavemente.

No te quejes de mí. Yo estaba sola

y vino ella, y quiso acariciarme.

Déjanos un momento entretenidas

en escuchar los pasos del silencio

y sentir la tristeza de otros muchos

que no tienen amor ni compañía.