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viernes, 14 de mayo de 2010

Pusilánime
















No tengo ganas de escribir. Ni siquiera en ese hermoso diario que me regalaron. Es como si la música ya no pudiera penetrar y sacarme esas cosas que tengo guardadas hace tiempo (tanta cosa que guardo también). Bueno, debe ser porque se amontonaron mucho y no dejan encontrar las fantasías y los sueños. No quisiera encontrarme así; tan cansada, con tanto sueño, como si en lugar de caminar, flotara con el trayecto predefinido.

La última vez que escribí algo que me gustó fue hace mucho tiempo, lo otro sólo fueron palabras casi como órdenes que salían porque no era posible no seguir escribiendo algo.

Y de verdad disfruto de escribir, me encanta, pero considero que últimamente se ha transformado en una urgencia, una necesidad que no sale por los dedos sobre las teclas y se queda en un breve discurso despacito de mi boca, que no encuentra puerto en las letras.

No comprendo. Esto no debiese ser un pesar, un mandato. De siempre escribo por gusto, ni siquiera por ego como aquellos del taller literario aquel que me espantó hace años. Eran muchos pseudo Nerudas, Bécquer y Cortázar, pseudopoetas que hicieron parecer mis escritos como “un buen intento” y me llevaron a amar mi pequeño diario y las notas repentinas que aun guardo. Eran una buena burla a tanto artista de papel, pavos reales sin verdaderas plumas de colores.

Muchas excusas; que no tengo un espacio, un escritorio de mi gusto donde concentrarme a escribir. Que en otro pc no me salen las palabras. Que debo cambiar la música, esta está caduca. Cualquier cosa para no comprender que no tengo ganas no más, que es desmotivación.

De otro modo pienso también que escribir debe ser una disciplina, no puede ser una creación visceral, no es la inspiración un alumbramiento mágico que trae fresquita una idea de esas buenas. Pero si no tengo ganas, ¿qué?

Hasta aquí quedó la idea de mi novela. Hasta aquí quedó volver a escribir ensayos. Hasta aquí quedó… este escrito pusilánime.

lunes, 4 de mayo de 2009

repliegue


Quisiera tomarme unos días para no hacer nada… Es estrictamente necesario volver a poner en orden mis ideas, mis planes, mis necesidades…
Y no puedo ser injusta, poner en orden las cosas de la cabeza y del corazón no es tarea fácil, no es “unos días para no hacer nada”…nada que ver. Ni siquiera se asemeja al disfrute que tiene ordenar y clasificar la ropa por ejemplo, o sacar las cosas de la cartera, limpiar y volver a ordenar como lo hacía la madre de Amelie.
Ordenar las cosas de la cabeza es un trabajo que requiere esfuerzo y dedicación, aunque así como uno puede ir ordenando, en cada momento se va sumando algo más, que complejiza todos los pensamientos.
Tal vez ordenar no es la palabra, tal vez retirarse para ver las cosas en perspectiva es mejor. Generalmente, las cosas las hacemos como robots, como si nos pusieran en piloto automático…andando por inercia, pero cuando algo grande pasa, empieza el desenlace fatal del dominó que se desploma, dejándonos en la más triste angustia, en el no saber que sigue.
Claramente todos sabemos que sigue, cuál es el norte al que debemos dirigirnos, pero es algo al cual hacemos caso omiso la mayoría de los días. Por eso hoy digo que debo dedicarme unos días para retirarme y ver las cosas en perspectiva. ¿Qué estoy haciendo?, ¿para qué?, ¿soy feliz con lo que hago?, ¿Qué necesito en estos momentos, qué me hace falta?... creo que aún en el ritmo cotidiano, me tomaré unos minutos para reflexionar, tal vez con las ideas más claras pueda comprender por qué últimamente estoy más triste…

sábado, 2 de mayo de 2009

Triste Espectador



Hay dos tipos de personas en este mundo; los que buscan, juegan, viven la vida, y los que observan a otros cómo buscan, juegan y viven la vida.
Para quienes viven es difícil, se equivocan, sufren, lloran pero algunas veces también son felices. Para los que observan es más seguro, se protegen de las caídas y no temen a los errores. Mas su vida no es menos dolorosa, sobre todo cuando ven que los otros a pesar de todo el dolor que produce un desamor, una desilusión, una frustración, logran alcanzar momentos de dicha y satisfacción, ¡Qué envidia en los ojos del que mira!
Qué triste debe ser observar, como en una película, cómo los demás disfrutan y sufren. Revisar sus logros, admirar sus hermosas relaciones, entretenerse al verlos reir... y al enfrentarse ante uno mismo como expectador de la propia vida. Observador de la película más aburrida y vacía que se haya podido mirar.
¿Quién quiere ver una película sin emoción, sin aventura?...
Y heme aquí contemplando la felicidad de los otros, mordiéndome el labio ante aquel que encontró el amor, suspirando por los lugares que conocen, sonriendo con las frases cariñosas que se dirigen.
Pero no puedo ser yo la película sin sentido...Me cansé de esperar que un torbellino traiga el desenlace idílico para la dramática película que protagonizo.

viernes, 3 de abril de 2009

vanidad


Hoy no es un buen día…No porque algo desastroso haya sucedido, sino porque mis ojos hoy están cerrados. Esta puede ser la causa, o puede ser que la belleza se ha teñido de gris y se ha confundido con lo mundano.

Tengo miedo de quedarme abandonada en este negrusco patio, envejecida y añorando la compañía real de un amigo, sí, porque eso es lo que necesito, un amigo...
Este afán de mirarme demasiado me ha consumido y ha derivado en lo patológico, donde se confunde mi egoísmo, mi vanidad y otros tantos defectos que caricaturizan mi inmadura forma de ser. Y también puede ser por esto que no es un buen día, tal vez ya no puedo ver nada bueno en mí y necesito de los demás para ensalzar mi ego nuevamente. Pero, ¡qué patético!, pensar que alguna vez critiqué esta clase de dependencia en otras personas. Es que cuesta tanto mirarse de frente, sin agregarse fantasías ni ilusiones, sin dejarse ver como la heroína del pequeño drama que es la propia vida.
De verdad que hoy no es buen día. Escuché de repente a una amiga que dudaba de su existencia, decía: ¿las otras personas me verán, sabrán que existo? Y no pudo acertar mejor, sin siquiera saberlo, que eso es lo que hoy me pasaba. Y digo “hoy” porque conociendo el afán de mi estado de ánimo, probablemente mañana tenga sentimientos megalomaníacos (si también hay que usar los términos psicopatológicos, de algo que sirvan).
No me comprendo, y se que es difícil, pero no es que me empeñe en conocerme, es que de tanto analizar a otros me he vuelto a mi misma como clave para conocer a los demás, pero en qué odisea me he metido. Me da risa, parece que el ego está subiendo porque busco sinónimos más floridos para adornar este escrito y la idea no era esa en un principio, aunque no sé cuál era la idea del principio.
Retomando el tema del ego; es en demasía un trozo de mi estructura que podría situarse muy arriba en la jerarquía, traducido, como ya dije, en egoísmo y vanidad. Y estos son los defectos que posteriormente vuelven reflejados como envidia hacia aquellos que son como los espejos de mis carencias.
Me molesta, yo si que he experimentado el estar “verde de envidia”, y lo peor de todo es que envidio a algunas personas que quiero. Pero no es raro, eso tiene un fundamento, desde mi punto de vista. Cada cual buscará a quienes admira, y justamente se admirará aquello que falta, pero eso que en un principio seduce y fascina posteriormente constituirá el peor de los defectos...